Crítica. El parque del flamenco

Flamenco Land (Teatrino 10/11/2011)

El parque del flamenco
David Gómez Frías
Es acertado considerar que el público infantil no se siente especialmente llamado a los espectáculos flamencos, y es preciso tener en cuenta el desinterés general de los niños hacia este arte inmaterial, patrimonio de la humanidad, a la hora de exponer a dicho público, más dado a series televisivas animadas con un lenguaje radicalmente opuesto, a un montaje vertebrado en los palos flamencos.No obstante, una vez inmersos en el recorrido argumental del teatro, se recibe con sorpresa la actitud positiva, participativa y entusiasta de la jauría de infantes que llenan el patio de butacas. Todo depende del hilo didáctico con el que se alteren las inquietas mentes que buscan, continuamente, aquello que les llame la atención, les distraiga y premie sus sentidos. Este es el primer  rgumento del éxito logrado por Flamenco Land, desde la inicial llamada de atención a la curiosidad infantil, planteando el recorrido por los distintos palos como un viaje sensorial donde la expectación será recompensada con agradables historias y situaciones participativas. Laura Vital lo sabe y así organiza su espectáculo. Dado que el
flamenco en si resulta pobre de escenario, pues desarrolla su fuerza en la voz del que canta, en la belleza estática de los cuerpos que bailan y en la música arrancada de la cuerda, la percusión o el ritmo de las palmas, los colores animados del principio de una historia son el mejor reclamo para permanecer atentos. Se hila entonces un argumento viajero en el que un personaje cómico, malabarista y cuentacuentos enlaza las estaciones del flamenco con la curiosidad infantil. Es ahí donde se encuentra el éxito de Flamenco Land: tras un pedacito de cuento una bulería, tras un juego de malabares un fandango, tiento o cualquier otro palo que las voces pequeñas jalean con olés de convencimiento, y tras un juego en clave de humor, con castañuelas o abanicos, un curso acelerado de palmeo o una invitación general al baile, de tal forma que la curiosidad se ve recompensada con la participación y ésta con la diversión. Y si este engranaje funciona, si el tren del flamenco logra llegar de manera atractiva a la estación exigente e impaciente de los niños, entonces el flamenco abarcará un espacio permanente de su creciente vocabulario. Quizá el esfuerzo de la Agencia Andaluza para el desarrollo del Flamenco, quizá la garganta de Laura
Vital, su fuerza y su imaginación, quizá sus m úsicos y quizá sus bailaores, hombre y mujer a la par, comprendan entonces que la semilla del flamenco tiene terreno fértil donde germinal si se conquista la ilusión permanente de un niño. Resulta aconsejable que estos se acerquen al flamenco y que aquellos que conforman el duende de su alma, encuentren en esos “locos bajitos” la inspiración que permite respirar su arte.
Enlace crítica sobre Flamenco Land

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